1. La Génesis: El Juramento de 2003
Todo comenzó en una pequeña oficina prestada en el centro financiero, una noche lluviosa de noviembre de 2003. Nuestros socios fundadores, provenientes de las firmas más grandes y burocráticas del país, se reunieron con una inquietud compartida: la abogacía de élite había perdido su alma. Se había convertido en una fábrica de facturación por horas donde el cliente era un número de expediente y la estrategia legal se decidía en hojas de cálculo, no en la búsqueda de la verdad.
Esa noche, redactaron en una servilleta lo que hoy conocemos como "El Juramento de Fundación". Prometieron crear una firma que combinara la potencia técnica de un despacho multinacional con la atención artesanal y obsesiva de un taller de relojería. Decidieron que Lex Magna jamás aceptaría un caso en el que no creyera, que jamás mentiría a un cliente para cobrar una iguala, y que trataría la libertad y el patrimonio de sus representados como si fueran los propios.
Durante los primeros años, rechazamos más casos de los que aceptamos. Perdimos dinero, pero ganamos algo mucho más valioso: una reputación de hierro. Se corrió la voz en los círculos empresariales de que había un despacho que no tenía miedo de decir "no" a las grandes corporaciones, que no se dejaba intimidar por el poder político y que litigar contra nosotros era una pesadilla táctica. Esa esencia rebelde, técnica y profundamente ética sigue siendo el motor que impulsa nuestras operaciones dos décadas después.